El largo viaje de Kubo: prodigio del Barcelona, fichaje del Real Madrid y estrella en la Copa Mundial Publicado
Diario del Mundial
Este va a ser sin duda uno verano especial para Takefusa Kubo. El tiempo, la paciencia y una carrera tan intensa como poco lineal le han ido cambiando la etiqueta. En la Copa Mundial de la FIFA 2026, el futbolista de la Real Sociedad y la selección japonesa ya no aparece como aquel talento precoz al que se miraba con curiosidad, sino como una de las grandes referencias de una Japón con plantilla para hacer algo grande.
No será su primer Mundial: Kubo ya formó parte de la nómina japonesa para Catar 2022. La diferencia está en el peso con el que aterriza ahora. Entonces era un joven de enorme proyección dentro de una selección que sorprendió al mundo; ahora es un jugador hecho, contrastado en LaLiga y llamado a asumir más responsabilidad en el equipo de Hajime Moriyasu.
De La Masia a Zubieta
La historia de Kubo con España empezó muy pronto. Nacido en Kawasaki el 4 de junio de 2001, cruzó medio mundo cuando apenas era un niño para incorporarse a la cantera del FC Barcelona. Tenía diez años y una zurda diferente, como reconocen aquellos que pudieron verlo en directo en sus primeras sesiones. Coincidió con Ansu Fati, Eric García o Nico González, aunque todos coinciden que el más diferente de todos, era Kubo. Poco después, por cuestiones burocráticas, Take tuvo que volver junto a su familia a Japón.
De vuelta en casa, lejos de frenarse, aceleró. Pasó por el FC Tokyo, debutó en la primera división japonesa con solo 15 años y también tuvo una cesión en Yokohama Marinos. Para cuando cumplió la mayoría de edad, el ruido a su alrededor ya era enorme tanto en Asia como en Europa. En 2019, el Real Madrid se adelantó a los muchos interesados y lo incorporó a su plantilla, abriendo una nueva etapa en España.
El camino hasta consolidarse no fue recto. Salió cedido a Mallorca, Villarreal, Getafe y de nuevo Mallorca. Vivió muchos baches, como en Villarreal, donde apenas contó con minutos bajo las órdenes de Unai Emery. O en Getafe, donde tuvo que adaptarse a un estilo muy diferente al suyo para acabar marcando un gol clave con el conjunto azulón: el que confirmó la permanencia en primera división. Kubo fue curtiendo su carácter mientras mejoraba aspectos tácticos y físicos.
El salto definitivo llegó con la Real Sociedad, el club en el que encontró contexto, continuidad y una idea de juego perfecta para su fútbol. En San Sebastián, Kubo dejó de ser un proyecto para convertirse en una realidad: extremo o mediapunta, agitador, socio entre líneas y amenaza constante desde la derecha hacia dentro. La Real anunció su fichaje en 2022 recordando su recorrido por Barça, Japón y Real Madrid; desde entonces, el japonés se ha asentado como uno de los nombres más reconocibles del campeonato español.
Este curso no ha sido el más brillante de su carrera en números. En LaLiga 2025/26, sus registros oficiales antes del Mundial eran de 2 goles y 4 asistencias en 24 partidos, cifras más discretas que las de otras temporadas. Pero reducir a Kubo a la estadística sería quedarse en la superficie: su capacidad para atraer rivales, romper líneas, dar continuidad a la jugada y cambiar el ritmo de un ataque sigue siendo un tesoro para su equipo y su selección.
Eiji, otro Kubo de vuelta a Japón
Hay otro Kubo que sigue su propio camino lejos de Takefusa. Eiji, su hermano menor, jugó en la cantera de la Real Sociedad antes de regresar a Japón para incorporarse al Cerezo Osaka, histórico club de la J1 League. Mediocentro, nacido en 2007 y formado también con experiencia española. Eso sí, sus características son muy diferentes a las de su hermano: mientras Take es pura electricidad, Eiji es un jugador de control, capaz de ordenar a su equipo y no tanto de desordenar al rival. Les une una fuerte relación. Cuando ambos vivían juntos (con su madre) en San Sebastián, Take iba a menudo a ver los partidos de su hermano y era el primero que le aconsejaba para seguir mejorando.
Para Takefusa Kubo, el Mundial llega en un momento distinto al de todas sus versiones anteriores. Ya no es solo el niño que maravilló en La Masia, ni el fichaje exótico del Real Madrid, ni el talento cedido que buscaba sitio. Es una de las estrellas de Japón, uno de los rostros de LaLiga y un futbolista preparado para que el escenario mundial deje de hablar de lo que puede llegar a ser y empiece a medir, de verdad, lo que ya es.

