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Marruecos ya no teme a las grandes potencias, y no es por casualidad

La FIFA repasa la evolución del fútbol marroquí en los últimos años, un proceso que ha convertido a la selección en un rival capaz de enfrentar de tú a tú a las grandes selecciones del mundo.
Curiosidades08 de julio de 2026Diario del MundialDiario del Mundial
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Marruecos se prepara para medirse a Francia en los cuartos de final de la Copa Mundial de la FIFA 2026™
Desde 2022, los marroquíes han alcanzado una regularidad que les permite competir sin complejos ante las selecciones mejor situadas en la Clasificación Mundial Masculina FIFA/Coca-Cola
¿Cómo se explica esta transformación? La FIFA analiza los factores
Antes de la Copa Mundial de la FIFA Catar 2022™, para las casas de apuestas apenas había debate. Encuadrado en el grupo F, Marruecos parecía condenado a terminar por detrás de Bélgica —tercera en Rusia 2018 y entonces segunda de la Clasificación Mundial Masculina FIFA/Coca-Cola— y de Croacia, subcampeona del mundo ese mismo año. Lo que ocurrió después ya pertenece a la historia. La selección sorprendió a todos al encabezar su grupo y alcanzar un histórico cuarto puesto en el torneo, el mejor resultado jamás conseguido por una selección africana en un Mundial.

En aquella inolvidable aventura, Noussair Mazraoui y los suyos empataron a 0-0 con Croacia, derrotaron a Bélgica por 2-0, eliminaron a la España de Luis Enrique en octavos de final tras imponerse por 3-0 en la tanda de penaltis después de un empate sin goles y dejaron fuera a Portugal en cuartos de final con una victoria por 1-0. Solo Francia consiguió frenar su camino al imponerse por 2-0 en semifinales. Aquello no fue un episodio aislado. Desde entonces, Marruecos derrotó a Brasil (2-1), firmó tablas (1-1) ante Noruega en un amistoso, volvió a contener a los brasileños a inicios del Mundial de 2026 (1-1) y eliminar a Países Bajos en los dieciseisavos de final por 3-2 en tanda de penaltis, después de que la prórroga terminara con empate

a 1-1.

Hay una conclusión difícil de discutir. Marruecos no siempre derrota a las grandes selecciones, pero ha aprendido algo quizá todavía más valioso: no perder aquellos partidos que no puede ganar. Ese aprendizaje empezó a gestarse desde el primer encuentro de Catar 2022.

"Jugamos con mucho equilibrio, como suelen hacerlo las selecciones europeas, —explicó Walid Regragui tras el empate sin goles ante Croacia—. El objetivo era, ante todo, no perder. Ahora tenemos que seguir creciendo y desarrollar una mentalidad ganadora".

 

Aunque hoy se aplauda la personalidad y el carácter competitivo que Regragui ha inculcado al equipo, su proyecto no nació de la nada. El Marruecos que hoy compite de igual a igual con cualquiera es el resultado de un proceso iniciado por Hervé Renard, consolidado por Vahid Halilhodžić y llevado a su máxima expresión por el actual seleccionador.

Cuando Hervé Renard asumió el cargo en 2016, devolvió a Marruecos a la élite internacional al clasificarlo para la Copa Mundial de la FIFA Rusia 2018™, lo que puso fin a dos décadas de ausencia. Bajo su dirección, la selección recuperó una identidad muy definida, basada en una presión agresiva, transiciones rápidas y laterales de marcado carácter ofensivo. "¿Cómo es posible que un equipo con tantos jugadores de calidad lleve tanto tiempo sin obtener buenos resultados?", se preguntaba entonces tras certificar la clasificación.

Después llegó el turno de Vahid Halilhodžić, que elevó un escalón más el crecimiento de la selección. Bajo su batuta, Marruecos ganó rigor táctico, intensidad física y una estructura mucho más difícil de desordenar. Con el billete para Catar 2022 ya asegurado, disponía de una base táctica muy sólida cuando Regragui tomó las riendas del equipo apenas unos meses antes del torneo.

El técnico nacido en Corbeil-Essonnes añadió la pieza que faltaba. Sobre los cimientos levantados por sus predecesores, logró liberar mentalmente a un grupo que ya estaba preparado para competir.

"Normalmente, las selecciones que llegan a una final son habituales de esas grandes citas. Han construido un ADN ganador, —comentó a la FIFA tras el Mundial—. Francia, por ejemplo, nunca había conquistado una Copa Mundial antes de 1998. Sin embargo, una vez que llegó a aquella primera final y rompió esa barrera, volvió a disputar el título en 2006, 2018 y 2022. Ese es el ADN que nosotros también debemos construir".

En el plano táctico, Regragui también ha demostrado una enorme capacidad de adaptación. Ante una Bélgica falta de confianza, ordenó presionar arriba y llevar el partido al terreno físico. Días después, frente a España, apostó por un bloque mucho más bajo para cerrar los carriles interiores y obligar a su rival a atacar por fuera. El plan salió a la perfección y Marruecos terminó sellando la clasificación desde el punto de penalti. Frente a Portugal, en cambio, aceptó un intercambio de golpes mayor y encontró el premio gracias al remate de Youssef En-Nesyri.

"No entiendo a quienes nos critican.  Lo único que puedo decirles es que jugamos fieles a nuestros valores y con el corazón por delante, — afirmó Regragui tras eliminar a Portugal—. El fútbol también consiste en eso: ofrecer lo que uno tiene, competir con sus propios medios y luchar con sus armas. Creo que es bonito para este deporte demostrar que, cuando un grupo permanece unido y tácticamente está bien organizado, es capaz de mover montañas".

Hoy, Mohamed Ouahbi mantiene viva esa línea de crecimiento. Su Marruecos alterna con naturalidad los momentos de dominio y los tramos de resistencia, con la madurez suficiente para interpretar cuándo debe esperar y cuándo golpear. Una evolución que refleja el crecimiento competitivo de toda una generación.

Porque quizá la mayor transformación de Marruecos no haya sido ni táctica ni técnica. Ha sido mental. La selección de Marruecos ya no salta al césped con la intención de resistir frente a las grandes potencias. Lo hace convencida de que también pueden derrotarlas. El jueves, en Boston, afrontarán el duelo contra Francia con esa misma certeza. Y, en el fútbol de máximo nivel, una convicción compartida puede acabar marcando la diferencia.