La receta de España para producir centrocampistas: "La diferencia es el entendimiento del juego"
Diario del Mundial
Hay posiciones en el futbol que, por tradición, están estrechamente relacionadas con ciertos países. Los mejores laterales de la historia salieron probablemente de las playas de Brasil. Los centrales más difíciles de superar de la dura liga italiana. O los números diez, capaces de lo imposible, del ‘potrero’ de Argentina. Sin embargo, desde aquel inolvidable 2010, gracias a una generación mágica de futbolistas, la marca España en el mundo del fútbol se ha asociado irremediablemente con centrocampistas. Este año, una nueva generación de medios quiere liderar a la Roja a conquistar la Copa Mundial de la FIFA 2026.
Xavi, Iniesta, Xabi Alonso, Busquets, Cazorla, Fábregas, Thiago Alcántara, Koke, Dani Parejo… la historia reciente del equipo español está plagada de creadores (y algún destructor) de juego de primer nivel, algunos de ellos consagrados como leyendas de este deporte. Pero la saga no acaba con ellos: Luis de la Fuente, seleccionador de España, tiene en su lista una larga lista de mediocampistas de gran talento y que quieren seguir los pasos de sus predecesores: después de la Eurocopa, van a por el Mundial.
Rodrigo Hernández, capitán, es el líder en esa sala de máquinas. A pesar de la lesión de rodilla que le ha mantenido fuera de los terrenos de juego durante un año, el madrileño está listo para llevar a su equipo a la victoria. Junto a él, otros cracks de la posición: Pedri, Fabián o Zubimendi, fijos para el entrenador. Y otro ramillete de aspirantes que, si no viajan a este Mundial, lo harán a los siguientes, como Pablo Barrios, Gavi o Gabri Veiga.
Pero, ¿cuál es el secreto para que España produzca con tanta facilidad centrocampistas de talla mundial? Carles Martínez, actual entrenador del Toulouse y ex técnico de las categorías inferiores del Barça, conoce bien ese proceso, pues se ha dedicado a formar jóvenes futbolistas muchos años. Cuando explica el fenómeno, no lo reduce a un club: lo lleva al terreno de la formación en España. “Una diferencia que encuentro en el perfil del jugador español, y más en los mediocampistas, es el entendimiento del juego”, asegura. “En España se transmite mucho el porqué: si te colocas aquí, vamos a generar esto y eso va a provocar otra cosa. El entrenamiento no deja de ser un proceso de enseñanza-aprendizaje. Eres mucho mejor cuando entiendes por qué que cuando solo ejecutas”.
Ese aprendizaje desde la base ayuda a explicar por qué el mediocentro español suele crecer con una relación tan natural con la pelota y con el espacio. Martínez insiste en que la posición no se entiende a partir de ejercicios técnicos aislados, sino desde el propio juego. “Un mediocampista es el juego. Es jugar”, resume. Por eso, los conceptos se interiorizan “jugando mucho: desde el rondo, desde la posición, desde la progresión, desde el partido, desde la adaptabilidad constante”. En su mirada, técnica y táctica no se pueden separar: “Si te colocas mejor, el control va a tener un sentido, el pase va a ir hacia donde tiene que ir y la técnica también va a progresar”.
Ahí está una de las claves de la continuidad española. Han cambiado los nombres, pero no del todo la forma de interpretar el juego. Martínez lo sintetiza en una frase que utiliza con sus equipos: “tener clara la siguiente acción”. Mirar antes, pensar antes, decidir antes. “El jugador que ya no es capaz de pensar rápido, de jugar rápido, de encontrar al hombre libre, está fuera”, sostiene. Y esa exigencia, extendida en la formación nacional, ha terminado construyendo una marca reconocible: “España ha cogido su marca. Juegan los partidos y los jugadores encuentran soluciones a los problemas que otras selecciones les van dando”.
A esa explicación se suma Tito Blanco, exfutbolista formado en la cantera del FC Barcelona, centrocampista durante su carrera y que recientemente ocupó el puesto de coordinador de las categorías inferiores de la selección española. Desde esa experiencia, Blanco recuerda que en la Federación se trabajó para definir un modelo común: “Cuando llegué planteé hacer el once de la selección española desde categorías inferiores, hasta la sub-21, poniendo cuáles son las características que debe tener cada jugador”.
El centro del campo aparece como el corazón de la idea española. Blanco habla de un 4-3-3 reconocible, con tres piezas clave: “El 6, que suele ser un Rodri; el 8, que puede ser Pedri; y el 10, que puede ser Olmo o Fermín”. Para él, esas posiciones son “las más importantes a la hora de llevar el peso del partido”. La receta, explica, pasa por mandar con balón: “Lo que queríamos era tener posesión el máximo tiempo posible para generar ocasiones de gol. Cuanto más tiempo tienes la pelota, menos peligro te puede crear el contrario”.
Pero ese dominio no consiste sólo en atacar. Blanco subraya la importancia de la vigilancia. Estar preparado para defender incluso cuando el equipo tiene la pelota. “Para mí es fundamental que tanto centrales como centrocampistas le den muy poco espacio a un rival que te pueda pillar una contra”, asegura. Ahí está otra de las claves del mediocampista español moderno: talento técnico, sí, pero también lectura táctica. “Los centrocampistas ya salen con una naturaleza técnica. El que mejora tácticamente todavía será mejor”.
Ahora viene la tarea difícil para De la Fuente: elegir a los mejores para el Mundial. Rodri, Pedri, Zubimendi y Fabián son fijos. También Mikel Merino, que apura la recuperación de su lesión en el pie para formar parte de los convocados. Después, una larga lista de candidatos que quieren un puesto: Gavi, Baena, Fermín, Carlos Soler, Barrios, Fornals… Todos ellos han estado en las últimas listas. También Marcos Llorente, aunque en el caso del madrileño es más probable que acuda como lateral derecho.
La decisión no será sencilla, pero dice mucho del momento que vive España: el problema ya no es encontrar centrocampistas, sino elegir entre demasiados. De la generación que cambió para siempre la mirada del mundo sobre la Roja a la que ahora aspira a conquistar el Mundial. Jugadores que entienden el juego antes de recibir, que interpretan el espacio antes de ocuparlo y que convierten cada pase en una respuesta. España encontró en el centro del campo su idioma futbolístico.

